“Crónica de una casa anunciada”

Una pesada puerta en completa oscuridad divide el clásico estudio de las galas y los debates de la entrada a las pasarelas. En ese momento comienza la experiencia. Inmediatamente puede verse el jardín, el gimnasio y la pileta de la casa más famosa de la televisión con sucursal en América. El silencio cobra protagonismo desde el momento de cierre de la puerta y al pisar el poco césped que quedó en el jardín de entrada a la casa comienza la sensación del aislamiento.

Pocas éramos las personas que visitábamos en ese momento del edificio paralelo al estudio mayor, que desde esta noche será propiedad de los participantes. Al parecer, es la misma de la que salió Francisco Delgado como ganador. Todo está listo, y nos dirigen a los distintos ambientes como asistentes de una inmobiliaria mostrando las comodidades con precaución. Claro, los detalles y novedades están a la vista y no se aceptan preguntas antes del estreno.

Las nuevas reglas incluyen un botón rojo del lado interno a la puerta de entrada a la casa -“el botón de negociación, es lo único que se puede saber”, me contesta la encargada de controlar mis observaciones- . Está prácticamente blindado, y no pasa desapercibido. El incómodo lugar que eligió la producción para su ubicación se distingue de manera intencional y es el segundo cambio a simple vista de la casa. El primero, la pileta ya no está sola, ahora es elgym el que se encuentra en el exterior, y parece que no tendrá días ni horas exclusivas para su disfrute.

El botón divide visualmente los dos sectores que más ocupan los “hermanitos” en su estadía. A la derecha el clásico sofá y televisor en el que se reúnen los participantes vestidos de gala una vez a la semana. A la izquierda, la cocina con la gran mesa redonda en la que la cantidad de sillas no coincide con la cantidad de camas que más adelante se comprueba al conocer las habitaciones. Metros más atrás el jacuzzi, ahora dentro del baño. El sauna ya no tiene entrada por el exterior, del jacuzzi hasta allí hay solo algunos pasos.

El clásico pasillo que permite el ingreso a las habitaciones y al confesionario juega nuevamente con la ilusión óptica de los espejos. Dos habitaciones con detalles de pequeñas ventanas artificiales convencen a los jugadores de no estar tan encerrados. Siete camas por habitación, y cajas de seguridad que seguramente cumplan una función desconocida, hasta ahora, para los ex participantes.

El confesionario merece un párrafo aparte. Al final del pasillo, la fuerza para lograr entrar al encuentro con Gran hermano sorprende, pero más aún lo hace el sillón amplio y -ahora- luminoso. A la orden de “no se pueden acercar al sillón”, la intriga de la funcionalidad de las luces que lo rodean, los cables y el juego de iluminación en las paredes del lugar -simil estrellas- se entienden como una novedad más dentro de las nuevas reglas. El zoom, amplio y vacío, ya sin mancuernas, pelotas, ni bicicletas fijas.

A la vuelta del recorrido se impone el altillo, rosa por fuera y una escalera caracol. La visita corta y sin poder pasar. La observación: un espacio chico en el que cuelga una hamaca paraguaya y almohadones, todo en la gama del blanco.

La visita terminó, alcanzó con 15 minutos para observarla por completo. Y ahí recién se toma conciencia de la abstinencia de no tener noción del tiempo real. Sin reloj, y con las cámaras y teléfonos a cargo de la producción, que con responsabilidad ordenó en bolsas separadas previo al ingreso. Algo que parecía innecesario, se convirtió en efectivo al intentar observar el cronómetro del celular para contar el tiempo que se necesita para conocer la casa. El aislamiento y la generación dependiente de la tecnología no son compatibles, ni siquiera para una corta visita laboral. Ahora, restará saber si las nuevas figuras de América soportarán el encierro por más de tres meses y si contarán con los condimentos necesarios para permanecer en la pantalla de los televidentes desde el debut hasta que se apague la luz.

Gimena Lepere

gimena@television.com.ar

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