Crítica: La guerra de los mundos

Que una tira juvenil plantee las muertes de sus seis protagonistas en el primer programa, ya es algo diferente. La vida y la muerte, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, lo justo y lo injusto, son algunos de los ejes que llevaron adelante el relato de este primer capítulo de Aliados, que marcó el regreso de Cris Morena a la tele. 

Seres de luz y hombres comunes, ciudades cosmopolitas y mundos líquidos, resurrecciones mágicas y muertes injustas, universos paralelos y realidades terrenales, algunos de los opuestos que conviven en Aliados. Una propuesta que nos dio fantasías en la exacta misma medida, en la que nos dio las más crudas realidades.

El primer capítulo fue de presentación: de los protagonistas, sus vidas, y durante los primeros 40 minutos tuvo la voz en off de Dolores Fonzi introduciéndonos a cada uno de los personajes. Sorprendieron Peter Lanzani como Noah, un playboy al que le creemos lo que nos cuenta y Mariel Percossi como Maia, una joven víctima de su madre y victimaria de sus compañeros de colegio. Ambos representaron la dualidad, la pelea interna entre el bien y el mal, entre el Jekyll y el Hyde que todos llevamos dentro, y que estuvo presente en todas las historias.

El equilibrio fue la base del primer encuentro con la ficción, todo el tiempo los condimentos se fueron balanceando: la “oscuridad” de los seis protagonistas, con la “luz” de los seis seres que intentarán rescatarlos, problemas tan reales como el bullyng y los trastornos alimenticios, con universos paralelos y poderes sobrenaturales. La presencia de Dolores Fonzi y Juan Leyrado como seres mágicos, místicos, que según ellos mismos cuentan “crearon el mundo” pero que debaten sobre filosofías tan humanas y tan antiguas como si el hombre tiende naturalmente al bien o al mal, la base de esta historia, Hobbes y Kant aggiornados a la pantalla chica 2013.

Aliados habla en un código que Cris Morena conoce bien y que es el de los jóvenes. Problemáticas reales, cuestiones que atraviesan clases sociales, edades y realidades con las que es fácil identificarse, porque las vemos, las conocemos y sabemos que están ahí afuera. Un acierto tocarlas porque interpelan, al igual que decir que es posible que las cosas cambien. Soluciones fantásticas a lo que muchas veces no tiene solución en el mundo real. A fín de cuentas, de lo mejor que puede dar una ficción.

Alejo Santander

alejo@television.com.ar