Las cámaras que nunca se apagan

Todo lugar donde haya cámaras es un terreno en el que ninguna persona está "a salvo". Nunca los entrevistados, pero tampoco conductores o panelistas. Sea en un estudio de televisión, durante la tanda, en medio de una nota, o en exteriores, el recurso de grabar cuando aparentemente no se está grabando, es cada vez más común en nuestra tele. Y, por supuesto, nadie ya duda un segundo en usarlo.

Desde el “Carajo, mierda” de Mirtha Legrand registrado por una cámara indiscreta de Canal 9 que siguió grabando, escena que hoy volvemos a ver una y otra vez en todos los programas de archivo, que ya lo posicionaron como un clásico de la tele, la grabación oculta es hoy una herramienta más, a partir de la que la pantalla chica se nutre de sí misma.

En programas como Intrusos, o hasta el año pasado ShowMatch, es sabido que las cámaras no descansan. Sin embargo, famosos y mediáticos, conductores y panelistas, siguen cayendo inocentemente –o no tanto– en la trampa. Una trampa que germina el valor de lo prohibido y que por lo tanto la mayoría de las veces les da algo a partir de lo que seguir sumando horas de aire. Otros, como Soledad Silveyra, que este año se enojó con una cronista en plena calle Corrientes, se descubren recién al otro día, víctimas de lentes que nunca vieron. 

Ya no hay debate ético que impida dejar prendida siempre la cámara ni que separe su grabación de su puesta al aire. Un nuevo recurso que en algunos casos expone a inocentes y que para otros significa una nueva condición que les pone la tele para ser protagonistas. Todo lo que sucede en un radio cercano a una cámara será grabado y todo usado en su contra. Ya es ley.