Crítica - El referí del matrimonio: Pequeñas delicias de la vida conyugal

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Continuando la onda “televisión-realidad” a la que apostará la tele en el verano, El referí del matrimonio es un talk show donde parejas anónimas resuelven problemas conyugales dejando que Gabriel Corrado y un panel de famosos digan quién tiene razón o no.


El referí del matrimonio es la versión estándar, familiar y políticamente correcta del bizarro La Corte, donde dos sujetos resolvían un conflicto bochornoso (y en la última etapa insólito) en televisión.

En este caso, los que contrincantes son marido y mujer, que cuentan sus dilemas con mayor o menor humor. Los problemas, por supuesto, no son nada catastróficos (no se habla de infidelidad, problemas de dinero o conflictos familiares) sino que van por el lado de lo mundano: “él no lava los platos” o “ella no me deja comprar una moto”.

En cada programa dos matrimonios expondrán sus cuestiones, escucharán los consejos de los famosos y se someterán a las ocurrencias del conductor para generar un dinamismo que aún está en etapa de reconocimiento.

El tramo final cambia sustancialmente, ya que el programa deja de lado el costado talk show y, al mejor estilo “esa es mi mujer”, da rienda suelta a la parte lúdica con un típico juego de coincidencias, que determinará cuál pareja se conoce más entre sí.

El factor realidad del ciclo se ve reflejada no sólo en los matrimonios que ventilan sus trapitos ante todos, sino también -y por sobre todas las cosas- en el panel de famosos invitados.

En el debut estuvieron Fernanda Iglesias, “El Turco” Naim y Soledad Silveyra. Pero ninguno habló desde su costado idóneo (la primera no fue periodista, el segundo no opinó como humorista y la tercera tampoco lo hizo como actriz dramática), sino por el contrario, ya que fueron ellos mismos y lo que dijeron o aconsejaron lo hicieron con la misma sapiencia que puede tener que habla desde la experiencia de la vida conyugal.

En el primer programa Solita aconsejó a la mujer que vaya al gimnasio para volver a seducir a su marido y el “Turco” habló” con pasión de las motos para tomar partido por la otra parte.

El referí del matrimonio marcó el debut en la conducción de Gabriel Corrado, que debe ser la primera vez que se mostró en tele tal como es en realidad, dejando de lado las máscaras de sus personajes de ficción.

Aunque aún le falta ritmo, soltarse más en cámara y aprender a manejar el histrionismo, la elección de Corrado responde a una lógica simple y acertada: es alguien que los televidentes se pueden llegar a ver reflejados.

Corrado tiene el perfil “esposo-padre de familia” (el mismo lo remarcó desde las promos de “Muy pronto”), no es un “freak” o un excéntrico, no se le conocen episodios bochornosos en la vida real y tiene una trayectoria de años con sus telenovelas, por lo que su cara es familiar y habitual desde hace años en la grilla de la tarde.

El referí del matrimonio no es un programa nuevo ni novedoso. Es algo que hemos visto varias veces pero con algunas vueltas de tuerca. Pero aunque no innova, si marca una diferencia en el presente de la televisión, donde las tardes son propiedad exclusiva de la “patria mediática” que cimienta su popularidad en el escándalo y en el bochorno.

Si el programa cae simpático en el televidente cansado del bochorno que pobló la pantalla posiblemente termine consiguiendo un público estable como lo hicieron años atrás Tal para cual o 100 argentinos dicen. Habrá que darle, por lo menos, una oportunidad para ver si queda como algo más que un ciclo veraniego.