Crítica: Elogio al riesgo

Al comienzo se hizo desear. Once minutos después del horario anunciado llegaban los Vecinos en guerra, y ponían fin  al misterio bajo el que se cubrió el arma (no tan secreta) para el prime time de Telefe. Una cosa es segura: la apuesta es ambiciosa y en época delatas, repeticiones y ciclos que se nutren entre sí, una ficción original de tamaña calidad es agradecida.

 

Esta es la historia de una mujer, Eleonora Wexler en una interpretación ajustada de su doble identidad como la delincuente Lisa y la madre de familia Mercedes, que tras un pasado como estafadora ve tambalear su presente de "mujer del hogar" por la aparición en su barrio de su ex compañero de andanzas y viejo amor, en la piel de Mike Amigorena.

Pero la cámara va rapidamente a Diego Torres, el hombre que convenció Sebastián Ortega y Pablo Culell para volver  a la pantalla chica después de su irrupción con La banda del Golden Rocket (1991). Torres es Rafa, que entra en el camino de la fugitiva Lisa y tiempo después la convierte en su esposa. 

Al cantante de "Color esperanza" es al que le toca jugar las cartas más fuertes de humor  y en el primer episodio el resultado es dudoso. Su héroe vencido no termina de generar la empatia suficiente como para lamentar su despido en manos de un jefe tirano, ni alcanza para sufrir por ese padre que debe ocultarle a su familia su situación como nuevo desempleado.

Por otro lado, la participación de Antonio Gasalla aunque corta, aparece deslucida, y en pocos segundos lejos de explotar y volverse memorable, se extingue entre la sinergia que obliga un primer capítulo de presentación.

Sin embargo, el gran acierto de Vecinos en guerra descansa en sus libros, en la originalidad de su argumento de cajas chinas a cargo del mismo equipo autoral de Graduados (2012), compuesto por Ernesto Jorovsky, Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada. Historias pequeñas dentro de otras que alcanza su punto más alto con la familia ficticia de actores clase Z que llega al barrio acomodado, uno de los condimentos más ricos donde Mónica Antonópulos y Juan Pablo Geretto logran destacarse.

Carlos Portaluppi, Jorgelina Aruzzi, Carola Reyna, Lola Berthet, Alan Sabbagh y Gastón Soffritti dan golpes de comedia certeros, en el primer acercamiento a los habitantes del barrio, que bien podrían vivir en un suburbio de Long Island o en un barrio cerrado en Buenos Aires.

La calidad estética, la búsqueda de climas nostálgicos a través de la música, la incorporación de Mirta Busnelli, una de las actrices favoritas de Ortega ya alejada de su anterior criatura, y el despliegue de un elenco coral tienen la marca inconfundible de Underground, un mérito en si mismo. 

La productora de Ortega y Culell, junto a Endemol, descarta la fórmula del éxito que apunta a repetir lo seguro. El resultado es un elogio al riesgo. Vecinos en guerra pasa del costumbrismo, o del culebrón, y va más allá. Juega con una ficción dentro de otra, un universo más complejo donde todo gira en torno al ser y al parecer.

Iván Basso – ivan@television.com.ar