El Desde Adentro de los Martín Fierro 2017

Hace unas horas en el salón Pacífico del Hotel Hilton de Puerto Madero se celebró la 47º entrega de los Premios Martín Fierro. Ya se sabe quiénes ganaron, quiénes perdieron, ya Twitter hizo todos los chistes que pudo con la ceremonia y lo hizo en tiempo real. ¿Qué queda entonces por decir de la noche más importante de la tele? Lo que la tele no mostró.

“Bendita está en la segunda terna y su mesa está vacía”, se lo escuchó decir preocupado por el intercom a uno de los organizadores a segundos del arranque. Vestidos de negro, conectados por auriculares, un ejército de productores, camarógrafos y tiracables, esquivaban mozos, catering, invitados y se concentraban en anticipar los vaivenes de una transmisión, que como la televisión, dependió del minuto a minuto.

Toda la atención –y la tensión– estuvo concentrada en las mesas principales. La combinación Marcelo Tinelli y Guillermina Valdés (que llegaron tarde y evitaron saludar) a pasos de Sebastián Ortega, ex pareja de ella y alguna vez amigo de él, hicieron el plato fuerte y protagonizaron la mayoría de los comentarios que circularon por lo bajo por el resto de las mesas. Los siguieron los de Adrián Suar, sentado a metros de su ex Griselda Siciliani, y de su otra ex, Araceli González.

Suar fue una vez más jugador y director técnico de la noche en su doble rol de actor nominado y director de programación, aunque decidió dejar las presiones del aire en los dos hombres en los que más confía, Pablo Codevilla y Eduardo “Coco” Fernández, que controlaron todo desde un televisor escondido en su centro de mesa. Desde ahí siguieron la transmisión y ajustaron los detalles de la ceremonia.

 

En la pantalla Guido Kaczka y Mariana Fabbiani anticipaban las próximas ternas y saludaban a los de las primeras mesas, mientras que a mitad del salón un productor le decía con tono de reto a un panelista: “Necesito a alguien sentado en esa silla ahora”, y apuntaba con una lapicera al lugar vacío. “Están en la próxima terna y no hay nadie”, insistió como si fuera una maestra que acomoda a sus alumnos para el acto escolar. El panelista no discutió y salió corriendo a buscar al compañero que faltaba, lo sentó y diez segundos más tarde la toma era perfecta.

 

Lo que pasa en el aire, lo que se ve, los productores lo van armando en su cabeza apenas unos segundos antes de que aparezca en la pantalla. El Martín Fierro no es la pelea por el rating, no es la muñeca del conductor para encontrar eso que mantenga a la audiencia agarrada al televisor, esa noche la tele es otra cosa, porque toda la tele está en el mismo lugar. Son pequeños fragmentos de una fiesta contados de a pedacitos, mostrados de a retazos y con precisión quirúrgica.

 

En 2016 y tras un 2015 muy politizado, el clímax de la noche lo había marcado Jorge Lanata recibiendo su primer premio en medio de silbidos y gritos, que terminaron con el conductor de Periodismo Para Todos invitando a los que hacían ruido a subir al escenario, como si los invitara a un ring a pelear. Esta vez la cosa no fue tan lejos, pero como si un año después y desde el mismo escenario Diego Brancatelli le respondiera al ex director de Crítica, aprovechando el premio de Intratables a “Mejor programa periodístico”, dijo: “Para cerrar la grieta, traje a la ‘Cristinita’ de la suerte, que se la voy a regalar a Jorge Lanata cuando lo vea”. Esta vez también hubo silbidos. El regalo llegó hasta la mesa del ganador del Martín Fierro de oro del año pasado, que pareció no prestarle demasiada atención.

En cada corte y mucho más evidente que otros años, la fuerza de atracción de las mesas de Mirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli, atrajeron a su órbita a la mayoría de los invitados. Fotos, notas, saludos, selfies, curiosos, a todo dijeron que sí sin importar quién se los pidiera. Hubo filas de gente esperando para hablar con ellos y no todos pudieron hacerlo. Hacia el final ya ni siquiera el aire televisivo lograba frenarlos y Susana se fue en medio de gritos, pisotones y escoltada por la seguridad.

Entre los que mejor la pasaron estuvieron Juanita Viale y Julieta Cardinali que fueron juntas para todos lados y que entre las perlitas del pasillo se las vio jugando con sus vestidos en una improvisada “guerra de faldas”. Los hermanos Eugenio y Culini Weimbaun, a los que a pesar de perder en su terna, se los vio felices de estar ahí. Andrea Rincón, premiada muy temprano sorprendió como “Revelación” entre los presentes y no se movió de al lado de el “Mono” Fabio, líder  Kapanga, al que blanqueó como su novio en la noche más importante de la tele.

Luis Ventura se dedicó a hacer de presidente de APTRA, paseó por las mesas y siguió con atención cada etapa de la ceremonia que abrió con un discurso en el que habló de continuar con los cambios en la Asociación, que empezaron con la división de la tele y la radio el año pasado, aunque uno se pregunta dónde entraba toda esa gente cuando estaba.

Para el final, mientras Sebastián Ortega agradecía el oro para El Marginal, de las tres mesas principales sólo quedaba la de Mirtha. Afuera, a pesar del frío y de la madrugada hubo gente agolpada en la puerta del Hilton esperando a vera los que salían. La tele volvió a tener su fiesta, las ficciones a ser protagonistas después de que el año pasado ganara un periodístico y los grandes, esos para los que todavía sobran los dedos de la mano,  a demostrar que siguen siendo los mismos.

Comentarios

  • Reply Yani

    “De las tres mesas principales sólo quedaba la de Mirtha” la más grande, la mejor, educada, dijo “Vengo esté ternada o no” es la más diva y la que menos está en diva, a uno de puede gustar o no Mirtha pero que es admirable lo que hace a su edad, es indiscutible.

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