El que mata tiene que morir

El concepto de justicia se cuestiona y pone en crisis en las historias que hoy muestran nuestras pantallas, que sostienen en sus tramas la venganza como motivo de las acciones de sus protagonistas.

Entre Caníbales y Signos se apoyan en el drama desde la impotencia y el dolor que termina resultando en la muerte, para desquitarse con los responsables. Ariana (Natalia Oreiro) y Antonio (Chávez) saben que lo que entienden por “justicia” va más allá de la reparación.

Los protagonistas de ambas historias cargan con un pasado, y la razón de su presente es castigar a quienes arruinaron sus vidas. En Entre caníbales, Ariana decidió volver al pueblo donde fue violada por un grupo de adolescentes veinte años atrás para ultimar a cada uno de ellos. En Signos, Antonio esconde ser un asesino serial calculador y amante de la astrología, su arma para acabar con los que considera que lo merecen, en el pueblo donde 46 años atrás terminaron con la vida de su madre.

Venganza y justicia, parecen ser las dos palabras que las historias eligieron para justificar el deseo de matar, a sangre fría o hasta incluso induciendo al suicidio. Ellos tienen un objetivo dentro de la historia: ser víctimas y responsables, ser héroes y asesinos, ser villanos y protagonistas, todo vale dentro de la cruda idea de justificar la muerte.

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