La muerte de Signos

La historia que persiguió a cada uno de los signos, para darle una muerte acorde a lo que marcan los astros, llegó a su fin. Con ello también lo hizo, una vez más, Julio Chávez en la pantalla de El Trece.

Pol-ka apostó a algo conocido, pero fuera de la televisión local. El drama, el horror y la muerte fueron los destinos que eligieron los unitarios en su vuelta a la tv y, lejos de sorprender, se mantuvieron como una buena y aceptada alternativa. Signos apeló a la venganza, en un año donde el género intentó volver a imponer protagonismo.

La seguridad en la dupla Chávez-Barone, escoltados por Claudia Fontán y Alberto Ajaka, provocaron altas expectativas para el televidente, a lo que se sumaron los buenos recuerdos que guarda la productora con cada uno de los personajes que representaron en el pasado.

En épocas dónde nuestra tele no se rinde en el intento de reconquistar al público con nuevas historias, se animó a acercarse a la “revolución de la sangre” característica de otras ventanas. Sin embargo, Signos fue un nuevo ejemplo de que más allá del equipo que se ponga al frente, de la historia que se cuente y de cuánto se espere un regreso, el espectador conserva esa inclinación por una cuota de humor y relax al momento de elegir qué ver para acompañar las últimas horas del día.

Signos no fue un fracaso, tampoco modificó la pantalla, ni dejó la marca que esperaba el canal. El acierto estuvo en intentarlo, con un equipo de producción que apostó a la ficción, con actores de renombre que le dieron el sí una vez más a la televisión. Sin embargo, el televidente lo despidió tan solo con el “visto bueno”.

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