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Rating en caída: ¿estacionalidad o cambio de hábito?
El comienzo de 2026 confirma una tendencia descendente en los promedios y deja interrogantes sobre si se trata de un fenómeno estacional o estructural.
La televisión abierta atraviesa un comienzo de año complejo. Desde que arrancó 2026, los números vienen mostrando una tendencia descendente que ya no puede atribuirse a un programa puntual ni a una franja específica. El prime time, históricamente el espacio más fuerte de la grilla, siente el impacto. Pero también lo hacen los ciclos ubicados en horarios menos competitivos. El fenómeno es generalizado: los promedios bajan, semana tras semana.
El verano suele ser un período atípico para la televisión de aire. Las rutinas cambian, las familias reorganizan sus tiempos y el consumo se fragmenta. Salidas, vacaciones, actividades al aire libre o simplemente una menor permanencia frente al televisor influyen en el encendido. A eso se suma un contexto en el que las plataformas digitales siguen ganando terreno y disputando la atención minuto a minuto.
Sin embargo, lo que llama la atención este año es la magnitud de la baja. La mayoría de los programas sufrió caídas en sus promedios. Algunos lograron sostenerse sin descensos bruscos, pero el escenario general habla de una pantalla debilitada en términos de audiencia.
En ese contexto, la próxima semana marcará un punto de inflexión con el regreso de Gran Hermano. El reality se ha caracterizado por revitalizar el rating de la televisión abierta, no solo por sus propios números —que suelen ubicarse entre los más altos del año— sino también por el efecto derrame que genera en otros ciclos. Debates, resúmenes, análisis y menciones en magazines potencian la conversación y elevan el encendido de la pantalla que lo emite.
La gran incógnita es si su regreso logrará revertir la tendencia de estas semanas o si el contexto actual es más estructural que estacional. También juega a favor el calendario: marzo está a la vuelta cerca y con él, la vuelta a la rutina. El regreso a clases, al trabajo y a los horarios más ordenados podría traducirse en un mayor consumo televisivo.
La televisión abierta enfrenta así un doble desafío: resistir el desgaste del verano y adaptarse a un escenario de consumo cada vez más fragmentado. El regreso de un formato fuerte puede ser el impulso necesario para recuperar terreno, pero también será una prueba para medir cuánto del descenso responde a la estacionalidad y cuánto a un cambio más profundo en los hábitos de la audiencia.
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